jueves, 11 de diciembre de 2014

MI NIÑO ESPECIAL


Por parte de la Escuela Normal Experimental de El Fuerte “Profr. Miguel Castillo Cruz” Extensión Mazatlán, tuve la oportunidad de ir a observar y practicar a una institución educativa. Por un período de dos semanas, estuve yendo a la primaria Josefa Ortiz de Domínguez, turno matutino, la cual se encuentra ubicada en Olas Altas No. 2 Sur Colonia Centro.
Durante este tiempo, estuve observando y apoyando a un menor, a quien tuve la libertad de elegirlo, tomando en cuenta sus características únicas. Al acercarme a él, logré comenzar una plática, en la que me compartió que vivía en el Hogar San Pablo, una Asociación Civil sin fines de lucro, en la cual les brindan atención y protección gratuita a niños y jóvenes que han sido víctimas de abandono, maltrato u orfandad.
Me mencionó que le gusta estar allí, que en ocasiones sale, pero se queda con su abuela unos días y luego regresa, puesto que sus padres no viven aquí, me expresó que están en Los Cabos, Baja California, entre otros comentarios. Al escuchar lo anterior, me puse a reflexionar, me imaginé su vida, lo comprendí en muchos aspectos, me contó más cosas; sin embargo, él dice que vive feliz, que se la pasa a gusto con los demás niños.
Físicamente, este estudiante es un niño delgado, de tez morena, con una cicatriz en la mejilla izquierda, cabello lacio y café oscuro, sobresale por su estatura de sus demás compañeros. Tiene 12 años, es muy inquieto, respetuoso pero únicamente con sus maestros mas no con sus iguales; es un niño lindo, agradable, sincero, alegre, abierto, extrovertido y que no le da pena nada. La mayoría de sus amigos eran del Hogar, casi no convivía con los demás. Uno de los alumnos del aula, con quien no tiene mucha amistad, se burló de él en una ocasión, diciéndole que no vivía con sus papás porque ellos no lo querían, que eran unos drogadictos y que por eso tenía que estar en esta Asociación. Mientras escuché esto, volteé a ver al menor y su semblante reflejaba seriedad, tristeza y ganas de llorar, me percaté que fue un comentario que lo lastimó bastante.
En general, durante todo el tiempo que pude estar acompañándolo, observé que no presenta ningún problema, siento que la actitud que tiene y la poca disposición es debida a la desatención por parte de su familia, pues me dijo que le gustaría vivir con ellos. Además, siento que el haber estado con él, le fue de ayuda, puesto que noté que poco a poco fue interesándose en los trabajos y realizándolos, claro está que a su estilo y ritmo de aprendizaje.
Me di cuenta que es un educando que se distrae con mucha facilidad, a quien le falta un poco de motivación por aprender; sin embargo, aún podemos estar a tiempo para apoyarlo. Veía que cuando lo dejaba solo, casi no trabajaba, sino que se ponía a jugar, dibujar o platicar con sus compañeros vecinos. Era necesario que continuamente le estuviera hablando y dirigiéndome directamente a él, pero no lo regañaba, sino que únicamente le recordaba lo que debía hacer.
Todo el tiempo intenté estar al pendiente de sus acciones, por ejemplo, le preguntaba qué estaba haciendo, que si había podido resolver el ejercicio, en qué iba, que si ya casi terminaba –aunque yo viera que ni el cuaderno había sacado-, pero eso lo hacía para que se concentrara en su trabajo, y noté que funcionaba, mas no siempre. A veces, entre clases me contaba anécdotas de su vida, de su familia, me decía qué música le gustaba, lo que le gustaría ser de grande, a quién admiraba, entre otras cosas.
Sentí que al principio no me tomaba mucho en cuenta, pero después me percaté de pequeños cambios. Ejemplo de ello, me saludaba más; en cuanto me veía y se bajaba de la camioneta donde los traían, se acercaba y me comentaba algo. Además, a la hora de salida, se despedía de mí, a veces mientras iba caminando para retirarme de la escuela, escuchaba que me gritaban, por lo que volteaba; era él, sólo para decirme adiós, cabe recalcar que no fue así en un principio, sino que lo presencié más cuando mis prácticas estaban culminando.

Por último, sólo quiero agregar que considero que ésa fue una de las cosas más bonitas que viví en esta ocasión. Tal vez no logré un gran avance, o esto que hubo en él no sea permanente, pero me siento bien de haber tratado de lograrlo.

HISTORIETA

Igualdad

domingo, 30 de noviembre de 2014

VIVENCIA


SALIR DE PASEO AL CAMPO

Una de las cosas que disfruto hacer es ir de paseo al campo. Me gusta puesto que es un momento de relajación, de desestrés, de liberación, de estar en contacto directo con la naturaleza. Voy con el fin de esparcimiento y convivencia con mi familia y amistades, de pasar un día juntos, disfrutando y poniendo en práctica los conocimientos que he aprendido de los libros de Ciencias Naturales, apreciando cuanto sea posible.
Acudo cada vez que tengo la oportunidad, principalmente los fines de semana, días festivos o periodo vacacional. Nos vamos en la camioneta de mi papá, ya que en ésta cabemos todos. Normalmente van mi papá, mi mamá, hermano, cuñada, primos, tíos, un señor que nos guía y su familia; éste último conoce bastante cosas especiales e historia de los lugares que visitamos. En ocasiones, también acuden amigos de mi papá.
La mayoría de las veces nos dirigimos a los pueblos cercanos a Concordia, entre ellos Zabala, Mesillas, Chupaderos, Agua Caliente de Gárate, Malpica, El Verde y La Concepción, mejor conocida como La Barrigona.
Frecuentemente, después de recorrer los pueblos, llegamos a un terreno separado de la ciudad por el arroyo de Concordia, en donde se encuentra una tenería o curtiduría de pieles. Este lugar es especial en nuestras vidas, muy representativo de mi familia, al haber pertenecido a mis bisabuelos. Aquí hay árboles frutales y, a un costado, un famoso estadio donde se dan cita futbolistas de la región. Es común que en este campo las personas acudan para aprender a manejar, ejemplo de ello, mi hermano y yo.
En las cercanías del lugar, practicamos diversas actividades, entre ellas puedo mencionar: pasear en bicicleta, en cuatrimoto, asar carne, elotes y bombones, cultivar, desmontar, caminar, subir cerros, bañarnos en el arroyo, tiro al blanco, farear en la noche; pero lo que más me gusta es disfrutar de los días de luna en el monte, ya que no es necesaria la iluminación artificial. Esas noches son seguras de contar historias o leyendas sobre personajes o sucesos que ocurrieron tiempo atrás.
El riesgo que corremos no es mucho, debido a que siempre estamos acompañados de dos guardianes, me refiero a dos perros quienes allí viven; es por ello que menciono éste es mínimo. Además, mi papá ahí creció, por lo que conoce a las personas que allí viven o trabajan. Considero que lo más peligroso podrían ser los animales que pueden andar, puesto que puedo asegurar que sí hay. Puedo decir que ya hemos tenido algunas experiencias con ellos, inclusive uno de los perros fue mordido en el cuello por una víbora venenosa durante un recorrido de rutina.
Estando allí he conocido una gran variedad de animales, dentro de estos están las iguanas, alacranes, arañas, tarántulas, sapos, ranas, grillos, codornices, armadillos, cochis jabalí, coralillos, serpientes, mapaches, urracas, ardillas, liebres, guacamayas, pericos, chinacates, chachalacas, vacas, toros, burros, caballos, vinagrillos, zolcuates, tlacuaches, búhos, queleles, onzas león, luciérnagas, coronillas, chalangantingas, tapacaminos, monstruos de gila, etc.
Lo que no me agrada es ver garrapatas, abichuchis, escuchar los truenos cuando está lloviendo, ver cómo caen los rayos en el monte, cerca de donde estamos; sin embargo, lo que más me disgusta es encontrarme con cazadores furtivos, con sus rifles en mano listos para tirarles a los animales. Aunque he de aclarar que nosotros también llevamos uno, pero nunca con este fin, sólo recreativo, como para reventar habas que nos hayamos en el camino.
Por último, deseo expresar que casi siempre soy yo quien los alborota, pues es a mí a quien más le apasiona ir. Puedo anunciar que es una bonita experiencia, la cual te llena de tranquilidad, armonía, relajación, entretenimiento y alegría, ya que cada vez que acudimos ahí, se nos presenta una vivencia nueva, algo interesante por conocer o descubrir.