SALIR DE PASEO AL CAMPO
Una de las cosas que disfruto hacer
es ir de paseo al campo. Me gusta puesto que es un momento de relajación, de
desestrés, de liberación, de estar en contacto directo con la naturaleza. Voy
con el fin de esparcimiento y convivencia con mi familia y amistades, de pasar
un día juntos, disfrutando y poniendo en práctica los conocimientos que he
aprendido de los libros de Ciencias Naturales, apreciando cuanto sea posible.
Acudo cada vez que tengo la
oportunidad, principalmente los fines de semana, días festivos o periodo
vacacional. Nos vamos en la camioneta de mi papá, ya que en ésta cabemos todos.
Normalmente van mi papá, mi mamá, hermano, cuñada, primos, tíos, un señor que
nos guía y su familia; éste último conoce bastante cosas especiales e historia
de los lugares que visitamos. En ocasiones, también acuden amigos de mi papá.
La mayoría de las veces nos
dirigimos a los pueblos cercanos a Concordia, entre ellos Zabala, Mesillas,
Chupaderos, Agua Caliente de Gárate, Malpica, El Verde y La Concepción, mejor
conocida como La Barrigona.
Frecuentemente, después de recorrer
los pueblos, llegamos a un terreno separado de la ciudad por el arroyo de
Concordia, en donde se encuentra una tenería o curtiduría de pieles. Este lugar
es especial en nuestras vidas, muy representativo de mi familia, al haber
pertenecido a mis bisabuelos. Aquí hay árboles frutales y, a un costado, un
famoso estadio donde se dan cita futbolistas de la región. Es común que en este
campo las personas acudan para aprender a manejar, ejemplo de ello, mi hermano
y yo.
En las cercanías del lugar, practicamos
diversas actividades, entre ellas puedo mencionar: pasear en bicicleta, en
cuatrimoto, asar carne, elotes y bombones, cultivar, desmontar, caminar, subir
cerros, bañarnos en el arroyo, tiro al blanco, farear en la noche; pero lo que
más me gusta es disfrutar de los días de luna en el monte, ya que no es necesaria
la iluminación artificial. Esas noches son seguras de contar historias o
leyendas sobre personajes o sucesos que ocurrieron tiempo atrás.
El riesgo que corremos no es mucho,
debido a que siempre estamos acompañados de dos guardianes, me refiero a dos
perros quienes allí viven; es por ello que menciono éste es mínimo. Además, mi
papá ahí creció, por lo que conoce a las personas que allí viven o trabajan.
Considero que lo más peligroso podrían ser los animales que pueden andar,
puesto que puedo asegurar que sí hay. Puedo decir que ya hemos tenido algunas
experiencias con ellos, inclusive uno de los perros fue mordido en el cuello
por una víbora venenosa durante un recorrido de rutina.
Estando allí he conocido una gran
variedad de animales, dentro de estos están las iguanas, alacranes, arañas,
tarántulas, sapos, ranas, grillos, codornices, armadillos, cochis jabalí, coralillos,
serpientes, mapaches, urracas, ardillas, liebres, guacamayas, pericos, chinacates,
chachalacas, vacas, toros, burros, caballos, vinagrillos, zolcuates, tlacuaches,
búhos, queleles, onzas león, luciérnagas, coronillas, chalangantingas, tapacaminos,
monstruos de gila, etc.
Lo que no me agrada es ver
garrapatas, abichuchis, escuchar los truenos cuando está lloviendo, ver cómo
caen los rayos en el monte, cerca de donde estamos; sin embargo, lo que más me
disgusta es encontrarme con cazadores furtivos, con sus rifles en mano listos
para tirarles a los animales. Aunque he de aclarar que nosotros también
llevamos uno, pero nunca con este fin, sólo recreativo, como para reventar
habas que nos hayamos en el camino.
Por último, deseo expresar que casi
siempre soy yo quien los alborota, pues es a mí a quien más le apasiona ir. Puedo
anunciar que es una bonita experiencia, la cual te llena de tranquilidad,
armonía, relajación, entretenimiento y alegría, ya que cada vez que acudimos
ahí, se nos presenta una vivencia nueva, algo interesante por conocer o descubrir.